Impusisteis el silencio
con gritos y amenazas
y tuvimos que vivir
una vida programada.
Nos llenasteis de cadenas
el pensamiento y el alma.
Disfrazasteis de mentira la poesía
vistiéndola de luto
y empapándola de lágrimas.
Apagasteis la luna
para que no se notaran
las huellas cansadas
de tantos caminos nocturnos
de ida sin vuelta
y sin lus en las ventanas.
Robasteis la primavera
de aquel mayo de esperanza
y silenciasteis canciones
que hablaban de libertad
censurando sus palabras.
Y llevasteis al olvido
cada libro condenado.
¿Y que dejasteis?
Poesía de lágrimas,
huellas cansadas.
Un palio elevado
sobre túmulos de muertos.
Pero volvimos a vivir la primavera
y salimos de nuevo por las calles
a cantar las canciones que prohibisteis
y a buscar los libros silenciados.
A recitar versos de poetas
que cantan a la luna y a las flores
sin luto en la poesía
y sin nadie que les calle
ni les condene al silencio del olvido.
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