sábado, 27 de noviembre de 2010

Impusisteis el silencio
con gritos y amenazas
y tuvimos que vivir
una vida programada.
Nos llenasteis de cadenas
el pensamiento y el alma.



Disfrazasteis de mentira la poesía
vistiéndola de luto
y empapándola de lágrimas.
Apagasteis la luna
para que no se notaran
las huellas cansadas
de tantos caminos nocturnos
de ida sin vuelta
y sin lus en las ventanas.

Robasteis la primavera
de aquel mayo de esperanza
y silenciasteis canciones
que hablaban de libertad
censurando sus palabras.

Y llevasteis al olvido
cada libro condenado.
¿Y que dejasteis?
Poesía de lágrimas,
huellas cansadas.
Un palio elevado
sobre túmulos de muertos.

Pero volvimos a vivir la primavera
y salimos de nuevo por las calles
a cantar las canciones que prohibisteis
y a buscar los libros silenciados.

A recitar versos de poetas
que cantan a la luna y a las flores
sin luto en la poesía
y sin nadie que les calle
ni les condene al silencio del olvido.

viernes, 9 de julio de 2010

García Lorca: Pequeño Vals Vienés

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.

domingo, 7 de marzo de 2010


Solamente caminarás hacia adelante cuando dejes de mirar
atrás.
La esperanza no es ni realidad ni quimera. Es como los caminos de la Tierra: Sobre la Tierra no había caminos; han sido hechos por un gran número de transeuntes.